Sunday, February 21, 2010

Andy Warhol

ARE FORGED BRILLO BOXES ON THE MARKET?

Die Süddeutsche Zeitung reports that some of Andy Warhol’s Brillo boxes might be forgeries. The original boxes, which were created in 1964, have since captured six-figure prices at auctions. According to a recent report in the Swedish newspaper Expressen, some of the prized boxes may have been made in Malmö in 1990—three years after Warhol’s death.

How did the fakes surface in Sweden? In 1968, Stockholm’s Moderna Museet ordered five hundred original Brillo boxes from America for a Warhol exhibition. To fill in some gaps in the installation, Pontus Hultén, who was then head of the museum and who died last year, is said to have ordered extra boxes, which were made in Sweden, with Warhol’s permission and according to the artist’s specifications. These 1968 copies can today garner up to 100,000 euros ($135,238) when accompanied by a certificate of authenticity.

According to the Expressen report, in the mid-nineties, Hultén signed similar certificates for Brillo boxes that were made in 1990 in Malmö and shown in an exhibition in Saint Petersburg. These fake “Stockholm boxes” surfaced on the art market in 1994. In light of the report, current Moderna Museet director Lars Nittve has initiated an investigation into the newspaper’s claims.

Jennifer Allena

Tuesday, February 16, 2010

Cirque du soleil Banana Shpeel

http://www.youtube.com/watch?v=jaipLdhtxiQ

Saturday, December 5, 2009

Ay, Fefita, por Dios!


16 de Mayo de 2005
Opinión. Ay, Fefita, por Dios!
Sin saberlo, sin ni siquiera imaginarlo, Fefita convierte en realidad lo que el artista se imaginó. Aquí, en el corazón del Cibao, García Márquez vuelve a estar en lo cierto y la imaginación acaba de perder otra de sus eternas batallas con la realidad


“Santa Fefa divierte a unos chivos sin ley”, la obra de Chiqui Mendoza que se exhibe en la más reciente exposición temporal del Centro León.

Justo en la entrada de la sala de Antropología del Centro León, donde se exhibe la exposición Signos de identidad, hay una frase de Gabriel García Márquez. “Yo nací y crecí en el Caribe: centro de gravedad de lo increíble –sentencia el autor de Cien años de soledad–. Lo conozco país por país, isla por isla, y tal vez de allí provenga mi frustración de que nunca se me ha ocurrido nada ni he podido hacer nada que sea más asombroso que la realidad...”. A pocos pasos de esa leyenda, después de vadear un barco imaginario de Sacha Tebó –hecho con los restos de un trapiche y con los yugos que rememoran viejas zafras y antiguos dolores–, se entra a la sala de Exposiciones Temporales donde se exhibe la exposición Que no me quiten lo pintao. Los códigos visuales del merengue. Un cuadro de esa exposición y unos carteles que acaban de emplazar en la ciudad de Santiago, le dan la razón a García Márquez, hacen que su frase sea más realista aún.

Casi al final de Que no me quiten lo pintao, justo antes de una pareja de pies que Quisqueya Henríquez filmó marcando en silencio el más estruendoso de los merengues, hay una obra de Chiqui Mendoza donde aparece, sobre una lona de camionero, rodeada por varios chivos sin ley, Fefita la Grande. La Vieja Fefa parece vista por un espejo empañado, acaso el mismo a través del cual miraba hacia atrás el camionero que abandonó la lona para que se convirtiera en obra, en objeto de culto. Fefita no dice nada, posa en silencio, con uno de los ajuares que vistió en su calendario. Con las manos en la cintura, la merenguera permanece inmóvil, mientras el acordeón del hijo de Ñico Lora se escucha del otro lado, haciéndole compañía a un Tin Pichardo que baila sin cesar.

Los chivos sin ley acechan a Fefita, asedian su cuerpo semidesnudo. Chivos linieros al fin, conocen a la acordeonista mejor que nadie; por eso tratan de subir por su cuerpo como si fuera un pedazo de monte. Para entrar a Que no me quiten lo pintao, hay que salvar un túnel hecho con anuncios de sacos, de esos que avisan todas las fiestas típicas del Cibao. En varios de ellos, Fefita convida. Su nombre se repite tanto, que da la impresión de que podrá estar en varios sitios a la vez.

Hoy han amanecido en Santiago una infinidad de carteles con el anuncio del nuevo calendario de la merenguera. Ahora, envuelta en una nube de espuma, la Vieja Fefa posa imperturbable. Una y otra vez se suceden sus imágenes por toda la ciudad. Una de las vallas está emplazada dentro de un hierbazal y cuatro chivos sin ley pastaban a su alrededor. Sin saberlo, sin ni siquiera imaginarlo, Fefita convierte en realidad lo que el artista se imaginó. Aquí, en el corazón del Cibao, García Márquez vuelve a estar en lo cierto y la imaginación acaba de perder otra de sus eternas batallas con la realidad. Una vez más, la verdad simple y llana deja sin argumentos al asombro.
CVA